Planes para hacer en tu propia ciudad

Uno de los placeres más valorados de nuestra época es VIAJAR.

Publicamos abundantes fotos de nuestros viajes, hablamos de ellos con meses de antelación, dedicamos horas a prepararlos y después a recordarlos. Viajar se ha posicionado como «el placer de los placeres», un lujo al que recurrir en la medida de nuestras posibilidades, hasta el punto de que parece que no hay vacaciones si uno no se va a ningún sitio.

Aunque el discurso colectivo define el viajar como la mejor de las inversiones, yo creo que los beneficios de los viajes están sobrevalorados y que con frecuencia no somos sinceros con respecto a lo que obtenemos.

Es decir, nadie habla de los momentos de aburrimiento o monotonía en sus viajes, de problemas que surgieron, o de que las experiencias se quedaron muy por debajo de sus expectativas. No existe un discurso alternativo de «mi viaje no fue para tanto y me lo pasé mejor aquella noche de cervezas con los amigos o leyendo un libro en mi terraza».

Y como no somos sinceros y autocríticos, siempre viajar es un sueño, un maravilloso objetivo al que aspirar, la mejor opción sin duda para las vacaciones.

En fin, no quiero filosofar ahora sobre los valores modernos y las tendencias de ocio, pero sí mostrar en este artículo que viajar no es LO ÚNICO y que existen alternativas interesantes mucho más cerca y no sabemos verlas. Tan cerca como en tu propia ciudad. Sí, ahí donde pasas tus monótonos días.

De hecho, quizás nos sorprenda que hay viajeros que eligen hacer turismo y disfrutar de nuestro entorno, que fotografían esa fachada que hemos visto cientos de veces, de camino al trabajo, a casa, a la tienda, al bar de siempre y poco más.

A este respecto, me gustó mucho este post en el que una joven neoyorquina, viajera empedernida, relata cómo se propuso disfrutar conscientemente de su propia ciudad durante un tiempo en que no podía irse de viaje y se sentía nostálgica por ello. Lo que hizo esta mujer fue cambiar la rutina de trabajo-descanso-cena con los amigos en el restaurante de siempre por planes mucho más inspiradores.

Porque uno puede sentirse viajero sin necesidad de irse muy lejos, incluso estando en el lugar que le vio nacer.

En este artículo te presento 6 alternativas, económicas y sencillísimas, a los largos viajes de vacaciones. La idea de fondo es que no hace falta tener unos días libres o ahorros considerables para disfrutar un poquito de la vida, o para sentir ese placer indescriptible que provoca el descubrir algo nuevo.

1. Sé un turista en tu propia ciudad

Tal vez llevemos meses, e incluso años, residiendo en un sitio y nunca nos hemos acercado al pequeño museo que está a dos manzanas de casa.

Puede ser que el nombre de nuestra calle sea el origen de una historia intrigante que merece la pena conocer.

O quizás dentro de unos días empiece un festival al aire libre al que acudiríamos sin dudarlo si estuviéramos de vacaciones en nuestra propia ciudad.

Cuando somos turistas, nos apasionamos por conocer tradiciones e historias del lugar que estamos visitando y por acudir a cuantos actos culturales o de ocio se organicen.

Sin embargo, cuando residimos en un sitio, apagamos esa curiosidad y nos limitamos a ir a los sitios de siempre. De hecho, quizás a algunos les parezca «friki» visitar el museo, iglesia, galería o yacimiento que tenemos al lado de casa.

Lo cierto es que todos los lugares del mundo guardan sorpresas si salimos a buscarlas.

La solución, entonces, para conocer a fondo tu ciudad y disfrutar de ella como haría un turista es  ¡convertirte en uno de ellos! Visita la página web turística de tu ciudad o provincia, entérate de los festivales, teatros, mercados que se organizan, diseña una ruta por los lugares que quedan a veinte kilómetros a la redonda y aprende un poco de patrimonio histórico o natural durante tu pequeña aventura.

2. Date el placer de no cocinar

¿Qué es lo que a todos nos encanta cuando vamos de vacaciones? ¡Comer fuera!

Imagínate levantarte y, en vez de desayunar en casa, irte a tu cafetería favorita y ponerte la botas. O comer en un restaurante a la salida del trabajo y evitar cocinar y recoger la cocina. O ir un martes por la noche a tomar a unas tapas a ese sitio nuevo con un patio tan bonito, sin un motivo especial, sólo porque sí…

Son estas cosas sencillas que nos permitimos cuando estamos en «modo viajero ON» pero no durante nuestra rutina diaria. Merece la pena intentarlo y comprobar cómo cambia la percepción de nuestro día.

3. Ve amanecer o atardecer

No todos los lugares son igual de excepcionales (es más interesante ser un turista en París que en un pueblo castellano, por ejemplo) pero el cielo cubre todos los rincones de la Tierra. Y los amaneceres y atardeceres son espectáculos gratuitos  que podemos contemplar en cualquier sitio, cualquier día del año.

¿Por qué no moverte a ese lugar de tu ciudad o de fuera de ella que te encanta, con un aperitivo, una copa de vino, y simplemente observar cómo atardece? ¿Qué tal en la terraza de un amigo, que vive en un décimo piso? ¿En un parque? ¿En una carretera con poco tráfico? ¿Desde tu balcón?

Observar el inicio o el fin de un día es una pequeña experiencia trascendente que se puede hacer de vez en cuando o incorporar a la rutina diaria, y que quizás nos reconcilie con nuestra vida y nuestras circunstancias.

4. Visita nuevas tiendas

Personalmente, una de las cosas que disfruto haciendo en un sitio nuevo es ir de compras (que a veces se queda sólo en mirar escaparates, con eso me basta) o descubrir tiendas sorprendentes. Tiendas que tienen cosas curiosas, que huelen bien, que están en sitios donde no esperarías encontrar ningún comercio.

Quizás un modo diferente de habitar en nuestra ciudad pasa por incorporar nuevos sitios donde comprar.

En tu semana de vacaciones sin salir de la ciudad, proponte descubrir nuevos espacios, pasar a esa tienda de té y chocolate por cuya puerta cruzas cada tarde, curiosear en esa nueva tienda de ropa, patear las calles en busca de escaparates que te llamen la atención, probar la fruta o el pan de esa tienda que ha abierto hace poco…

5. Descubre la naturaleza más cercana a ti

Está demostrado que pasar un tiempo al día en lugares donde hay árboles, rocas, rumor de agua o aves es beneficioso para nuestra salud física y mental.

Es cierto  que lo ideal sería un bosque autóctono y poco explotado, pero un parque cualquiera también sirve.

Vivimos demasiado tiempo encerrados en oficinas y en casa, delante del ordenador (¡que me lo digan a mí!). Un objetivo que deberíamos tener presente, más como rutina de cuidado físico y mental que como ocio (sobre todo si desempeñamos trabajos que requieran concentración y autodisciplina) es destinar un mínimo de veinte minutos al día a pasear por un espacio natural.

Si no tenemos mucho tiempo el parquecito al lado de casa cumple su función, pero si disponemos de de unas horas, y además cierto interés en conocer nuestro entorno natural, no está de más coger el coche o la bici e ir a la caza de esos rincones con encanto que SEGURO existen a pocos kilómetros de donde vivimos.

6. Piensa planes sorprendentes

Por último, deja volar tu imaginación y haz una lista de planes sorprendentes que están a tu alcance y que podrías hacer un sábado por la mañana o un día cualquiera al salir del trabajo.

¿Coger una manta e irte al campo a ver las estrellas? ¿Ver una película en tu tablet fuera de casa, en un lugar bonito? ¿Leer un libro en un museo? ¿Preparar una cena para dos en esa mini-terraza que no utilizas nunca? ¿Apuntarte a un curso de cócteles?

Seguro que te vienen a la mente planes diferentes, sencillos y baratos que en realidad podrías hacer con tan sólo apuntarlos en la agenda. Algunos serán un poco locos, otros igual rocen lo absurdo, pero en eso consiste pensar planes originales y sorprendentes.

Conclusión

Y hasta aquí mis recomendaciones para disfrutar de unos días de vacaciones sin necesidad de salir de tu ciudad.  Si con algunas de mis sugerencias se te han encendido los ojos, anótalas ahora y no lo dejes para luego. Fija un día determinado para cumplirlas y llévalas a cabo. Pero una advertencia importante, antes de nada…

Habrá ciertas actividades que, a pesar de hacerlas, no mejoren mucho tu estado de ánimo. Otras cosas te resultarán más complicadas de lo previsto. Algún plan sorprendente no superará tus expectativas. Quizás el último museo o el último espectáculo a que acudas te aburra. O puede ocurrir que discutas con tu pareja o tu amiga cuando has quedado para desayunar con ellos. O la cena de esa restaurante donde soñabas con ir te decepcione.

Sí, esto pasará. Y de hecho, también pasa hasta en los destinos más paradísiacos. Los planes no salen siempre perfectos, de la forma en que pensábamos, ni en tu ciudad ni en un resort de las Seychelles.

Sin embargo, es probable que al poner estas sugerencias en práctica, a pesar de que algunas no salgan según lo previsto, vivas momentos irrepetibles, te enamores de tu ciudad, o el día de trabajo se haga más ligero porque a la salida tienes un plan. Y ya sólo por esto vale la pena intentarlo.

Fuente: Puedo Ayudarte

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